Y abrí la boca para que se fuera* . Y se fue. Sentí cuando cayó en mis manos el hilito de sangre con que estaba amarrada a mi corazón.
Juan Rulfo
Cantidad de veces nos hemos dado a visitar distintas latitudes, ciudades, pueblos y demás lugares, pero, ¿Han ido a caso al lugar donde se encuentran los que fueron y no están?
Hace días tuve la oportunidad de regresar a mi tierra nativa y visitar dos cementerios; uno es el del centro de Zacatlán; el otro es el panteón de la junta auxiliar de San Pedro.
En el interior del lugar se podía escuchar el sonido de pequeñas aves y viajeros ocasionales como yo, en cada una de las tumbas y sepulcros yacía un nombre, sólo o filiado con algún otro. En el interior del panteón es fácil encontrarse con placas y efigies típicas que le dan una vista parecido a la de un complejo habitacional moderno, donde los inquilinos hacen y modifican sus viviendas con la asesoría de un arquitecto, un ingeniero o un maestro albañil, y después solicitan el permiso para iniciar su obra en el palacio de gobierno local.
Así parece que ha sucedido en el interior de los cementerios, solo que aquí la arquitectónica edificación del recipiente que albergará nuestros restos fúnebres sólo será habitada por la muerte y visitada por algunos vivos.
También hay personas que no han levantado un solo ladrillo para albergar al que se ha ido, dejando un montículo de tierra en forma de una duna y levantando a su cabecera una representación alegórica y simbólica de los deseos que le guardan al difunto, ya sea que le coloque una cruz, un obelisco, una estrella o cualquier otro artilugio en que el nombre que identifique al enterrado será grabado.
Sin embargo, la visita de un lugar lleno de historia y de tradición como un panteón siempre será un recreo para el ser humano, un lugar que lo pone en contacto con sus más internos pensamientos y con un huésped el cual a veces llega más temprano de lo esperado.
La muerte es sin duda parte importante y protagónica del mexicano, pues a pesar de ser un panteón un lugar lleno te tumbas y flores, la filosofía que se ha corrido por los siglos en nuestra tradición nos ha llevado a tener en mente la idea de un lugar festivo y cíclico, al cual le pertenecemos y que tarde que temprano nos llamará a formar parte del entorno, al menos de nuestra física humanidad.
Placa de piedra tallada por la inauguración del panteón de San pedro por el año de 1904.
Parte trasera de una tumba, data del año de 1932
Costado de la tumba anterior, se puede ver a detalle una serie de símbolos empleados en la época.
Tumba adornada por una rica variedad de símbolos, fuera se encuentra la cruz de otro deudo que al parecer está depositado ahí. Sin fecha.
Tumba de un antiguo militar, se encuentra en el interior del panteón de Zacatlán. 1881
Detalle de la tumba anterior.
* Se refiere al alma, extraído de la novela de Juan Rulfo, Pedro Páramo.






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