La pasada temporada de noviembre en México es sinónimo de fiestas y celebraciones, tanto nacionales, religiosas y prehispánicas, con la llegada del Día de Muertos, Todos Santos, y la conmemoración de la Revolución Mexicana.
Cada vez es más difícil disfrutar de una temporada llena de conmemoraciones sin tener la contaminación visual que arropa las calles y salones públicos, llenos de decoraciones de importación china y norteamericana, cada vez más distorsionando al de por sí revuelto folclor nacional. Las banderitas que sobraron de septiembre se vuelven a vender, así los adornos tricolores, pero que pasó con los artículos de los días religiosos y prehispánicos, ¡Son cada vez más parecidos a los de nuestros vecinos del norte y sus tradiciones!
El 20 de noviembre es un día muy especial para todos los mexicanos que tienen hijos en la escuela, porque ven a sus hijos desfilar por una celebración patria, ¿Qué se conmemora?, la mayor parte de los niños lo ignora, o le da una profunda indiferencia, debido a que su cultura es más apegada a las películas de corte norte americano y programas de televisión a veces nacional, otras tantas extranjerizante, que ponen en manifiesto un total desapego a la historia y a la realidad.
Y ya dicho un poco de las participaciones de los padres, digo, de los hijos en los desfiles, ¿Qué aporta a los pupilos dicha manifestación bélica?, en grandes rasgos, nada, porque no deriva de un aprendizaje, más bien, es una costumbre mediocre que se adoptó de los militares y hombres y mujeres de carrera, que defendieron sus derechos y se manifestaron haciendo la marcha a paso firme, frente a sus compañeros y paisanos, defendiendo su libertad, su democracia, su independencia, sus sueños; pero pasados los años las marchas pierden su sentido, porque devenido de las manifestaciones escolares, tenemos a miles de maestros y profesores, que se manifiestan desde hace meses en la capital del país y en algunos estados, también a las comunidades organizadas que vivían en la sombras de la violencia y el crimen organizado, coludido con las autoridades, desatando verdaderas guerras revolucionarias. Pero, ¿Qué de eso sabe el colegial promedio?, ¿A caso conoce la realidad pertinente a su entorno y a su país?, ¿A caso conoce los resultados de aquella gesta heroica que tanto le dicen en historia y que aparte de significar un día inhábil en el ciclo escolar es de verdadera importancia?, ¿Fomentan en sus escuelas y en sus hogares el respeto a los principios revolucionarios más que los principios económicos?
Hace falta muy poco para darse cuenta de la cultura nacional, el grueso de la población, aún desestima a sus hermanos indígenas, a todos los que tienen rasgos extranjeros, un credo diferente, una ideología; un modo de vivir. No sin embargo, aprecian aquello que trasgrede, aquello que hace daño, la burla, la violencia, el ultraje, la "tranza" y demás artimañas que le asignan al mexicano por "naturaleza".
Imagen tomada de internet, durante manifestaciones en el Distrito Federal 2013
Esos pobres niños, no tienen la culpa de no querer desfilar, cuando viven contrariados de las disyuntivas y diatribas que oyen a diario, situación que nos es indiferente a la mayoría, debido a que ya pasamos esa etapa y pareciera que quisiéramos que los menores la padezcan de igual o peor manera, ¡Eso es inadmisible!, ¡Un abuso!, la mayoría de nosotros somos indiferentes a nuestra propia historia e ignorantes del legado sociológico y filosófico que nos ha brindado la lucha y el estado de derecho mexicano con su sueño centenario de tierra y libertad, pero no ha logrado mellar en nuestros valores, somos de bronce como las estatuas erguidas a los héroes; frías y victimas de las heces de las aves rapaces que depositan sobre nuestra efigie.
Cuartoscuro/Archivo
Que quede latente, la cultura mexicana no está torcida por que así sea, lo está porque así se permite.


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